Perfilado de sección
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El 15 de enero nuestro sindicato cumplió sus primeros 100 años. Aquel día, pero de 1925, un grupo de trabajadores de la Dirección Nacional de Navegación y Puertos -de sus talleres del Riachuelo, la Isla Demarchi y de Paraná, entre otros- se reunieron en el Teatro Verdi del barrio de La Boca, convocados para organizar lo que será la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE).
En aquella sala artística creada por “la Unión de la Boca” en 1877, la misma donde en 1903 se eligió como candidato a diputado nacional al socialista Alfredo Palacios, comenzaron los primeros pasos del sindicato que buscaba llegar a los más de 6000 obreros dependientes del Ministerio de Obras Públicas, concentrados en la Ciudad de Buenos Aires y en el Litoral. En pocos meses pasó de contabilizar 300 a 1250 afiliados, producto de la tarea de un grupo de delegados activos que recorría taller por taller convocando a los obreros estatales cuyos salarios eran pagados irregularmente, luego de jornadas de interminable trabajo precario.
Dicen que la “historia es maestra”, y así lo creemos. Pero la historia es también terreno de disputa. No es posible mirar el pasado desde una neutralidad; analizamos la realidad –pasada y presente- desde nuestras creencias, ideas, principios, valores y, también, desde nuestros intereses. A pocos días de cumplirse cincuenta años de su muerte, creemos vigentes las palabras de Arturo Jauretche: “no es pues un problema de historiografía, sino de política: lo que se nos ha presentado como historia es una política de la historia, en que ésta es sólo un instrumento de planes más vastos destinados precisamente a impedir que la historia, la historia verdadera, contribuya a la formación de una conciencia histórica nacional que es la base necesaria de toda política de la Nación”.
Conocer entonces la historia de la ATE dentro de nuestra historia nacional significa una práctica política potente, un ejercicio que interpela al pasado, pero también a nuestro presente colectivo. Permite recuperar los legados de aquellos obreros estatales fundadores, allá por el 1925; revalorar todos los esfuerzos que hicieron los primeros dirigentes para fortalecer y nacionalizar el sindicato en un contexto de ajuste y persecución, como fue la década infame; reivindicar el rol de la ATE durante el peronismo, cuando fue partícipe de la consagración de los derechos laborales y sindicales, a la par de la construcción de un Estado fuerte y soberano; homenajear a nuestros compañeros y compañeras perseguidas y proscriptas durante más de dieciocho años de resistencia peronista.
En fin, que nombres como José Tesorieri, Clotilde Cuadrado, Libertario Ferrari, Marta Curone, Eva María Sarka, Héctor Quagliaro, Irma Laciar de Carrica o el mismo Germán Abdala no sean simples evocaciones declarativas, sino profundos homenajes a quienes fueron síntesis de una construcción política-gremial colectiva, en un contexto histórico particular. Hombres y mujeres comunes, con responsabilidades y compromisos militantes excepcionales.
Así como el tiempo presente nos demanda un esfuerzo de creatividad a la hora de afrontar nuevos y viejos desafíos, el tiempo pasado está allí para fortalecer nuestra identidad como sindicato y para orientarnos con sus lecciones. En este escenario, los cien años de la ATE nos iluminan el largo camino que, como trabajadoras y trabajadores estatales, supimos construir.